La democracia indignada. Tensiones entre voluntad popular y representación política

17,00

Sin impuestos: 16,35

Autor/es
Gutiérrez Gutiérrez, Ignacio
ISBN13
9788490451960
ISBN10
8490451966
Tipo
LIBRO
Páginas
158
Año de Edición
2014
Idioma
castellano
Encuadernación
Rústica
Editorial:
EDITORIAL COMARES
Disponibilidad:
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No puntuado
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I.Desde hace algunos años, un grupo de profesores del Departamento de Derecho Político de la UNED venimos organizando sesiones de trabajo sobre temas que nos parecen de cierta transcendencia. Tras La inclusión de los otros: símbolos y espacios de la multiculturalidad (23 y 24 de noviembre de 2011) y Constitución y globalización (26 de junio de 2012), los días 21 y 22 de noviembre de 2013 se celebraron en Madrid las Jornadas sobre La democracia indignada: tensiones entre voluntad popular y representación política. 
Todas estas jornadas se celebran gracias a la generosa confianza de los ponentes, casi sin excepción procedentes de otras universidades, que reciben la propuesta de abordar un tema prefijado por los organizadores, junto con el esquema general de las sesiones, sin conocer de antemano a sus compañeros de mesa. En todos los casos nos hemos encontrado con aceptaciones inmediatas y sin reservas, en horas veinticuatro, lo que nos permite desvelarles enseguida el secreto del programa completo. Como sospechamos que en preparar sus intervenciones tardarán algo más de tiempo del que Lope necesitaba para llevar sus comedias de las musas al teatro, todo eso lo hacemos con la debida antelación, aproximadamente un año antes de la fecha prevista para las sesiones. Les pedimos también que, después de la exposición y el debate, nos entreguen unos textos; de modo que, con la ayuda no menos generosa de ciertas editoriales, hemos logrado publicar siempre algún testimonio de nuestros coloquios .
Esta presentación tiene por objeto ofrecer al lector el marco de análisis que en esta ocasión propusimos a los ponentes para encuadrar sus intervenciones iniciales. Pero cada uno gozó de plena autonomía para interpretar y desarrollar su parte; de ese modo, el relato final de las jornadas no sólo se ve enriquecido por la pluralidad de estilos, sino también por las nuevas tramas y los giros imprevistos que cada contribuyente, de acuerdo con su peculiar perspectiva, ha considerado oportuno introducir en él. Ello abre también nuevas posibilidades al lector, que bien puede reconstruir el texto final en términos distintos de los que esta introducción sugiere, sin disponer los elementos conforme al mismo plano general que se ofreció de modo indicativo a los responsables de elaborarlos. Las piezas del discurso admiten, sin duda, muy diversas articulaciones. 
Esto es más cierto con el paso del tiempo; cuando, como ocurre ahora, nuevos datos y acontecimientos aparecidos tras el cierre de los textos por parte de los autores pueden sugerir cambios de acento en los análisis y en los pronósticos. En cualquier caso, las jornadas no pretendían un análisis coyuntural, determinado por las urgencias del momento y de validez igualmente fugaz, sino reflexionar con alguna perspectiva cuando ya habían transcurrido dos años y medio desde el inicio de las movilizaciones del 15-M. Quizá la relativa distancia desde la que se escribieron, particularmente adecuada para la reflexión intelectual, permita que las consideraciones ahora publicadas proyecten una luz más clara también sobre los desarrollos recientes.

II.La crisis económica, decíamos en nuestra propuesta, ha convertido en insoportables las deficiencias del sistema representativo. En tiempos de bonanza se pasan por alto, pero eso resulta más difícil cuando el sistema no ofrece respuesta para los graves problemas cotidianos. Se reclaman entonces no sólo otros resultados (bienestar) u otras políticas, sino también otras formas políticas: una democracia real que supere los límites de la democracia representativa de partidos. Analizar esta situación quedaba bajo la responsabilidad de Enrique Guillén, a quien se le propuso como título para su ponencia «Las enseñanzas del 15-M, o de cómo la democracia representativa se topa con límites insoportables». 
La primera respuesta supuso reactivar la participación a través del ejercicio de ciertos derechos fundamentales: hablamos de las masivas convocatorias del 15-M, del toma la plaza o el rodea el Congreso, de las reuniones, concentraciones, manifestaciones y huelgas, del ejercicio masivo del derecho de petición a través de plataformas sociales. Correspondía explicarlo a Elviro Aranda («El ejercicio de los derechos fundamentales como poder democrático»). Una segunda reacción se orienta hacia las posibilidades que abre la democracia directa: hay propuestas de que se celebren referenda no sólo para la autodeterminación territorial, sino también para convalidar la política económica del Gobierno, por ejemplo; y también se han puesto en marcha varias iniciativas legislativas populares, la más célebre de ellas por parte de la Plataforma anti-desahucios. De ello se ocuparía Miguel Presno («Instituciones de democracia directa»). 
Esa activación social también necesita organizarse: de un asambleísmo más o menos primario y de las redes sociales se pasa a técnicas más depuradas, con comisiones, grupos de trabajo, plataformas? e incluso se crean en internet instrumentos alternativos de información que sustituyen a la prensa convencional, muy afectada por la crisis económica. Es la temática que, en principio, encargamos a Miguel Boix, bajo el título «La organización de los contrapoderes». Pero, además, ¿qué tipo de poder ejercen esos nuevos contrapoderes? Porque ya no son un clásico mecanismo de control social, como el que ejercía la prensa tradicional, sino que van más allá: desde la resistencia ciudadana, por ejemplo frente a las ejecuciones hipotecarias, hasta la búsqueda de la hegemonía ideológica, que en su caso se concretará sólo a medio y largo plazo, pero que ya desempeña un papel central en la acción social. De ello nos debía hablar Ramón Adell («El poder de los contrapoderes»).
Al final, sin embargo, la conversión del contrapoder ciudadano, de una nueva voluntad popular, en decisiones con eficacia pública, desde la reforma de la ley hipotecaria a la de la ley electoral, exige una cierta institucionalización: también los nuevos actores necesitan y buscan una cierta representación, en cursiva si se quiere. Y ello supone asumir la lógica propia de la organización política, con los riesgos que ello entraña; son bien conocidos, por ejemplo, a partir de la experiencia de los verdes alemanes. Tales serían «Las enseñanzas del tiempo transcurrido, o de cómo la democracia representativa sigue siendo imprescindible», una ponencia de la que se encargaría Josep M.ª Castell?.

III.Este esquema tenía algo de fábula, como advirtió enseguida Enrique Guillén, cuyo gusto por la literatura es conocido. Pero, como señaló él mismo, la enseñanza de las fábulas no siempre fructifica; y, del mismo modo que la cigarra y la hormiga persisten una y otra vez en sus conductas, los seres humanos nos empeñamos en tropezar con las mismas piedras. 
Nos ampara una buena excusa: como somos animales con conciencia del tiempo, nuestros tropiezos nunca nos parecerán idénticos, pues tienen lugar en momentos diferentes, en nuevos contextos históricos. La democracia, en efecto, pretende convertir la voluntad popular, la voluntad del demos, en decisiones políticas más o menos estables, en poder público, en cratos. Pero el pueblo, el demos, es una magnitud variable, que cambia no sólo de opinión y de voluntad, sino también de configuración, de estructura. Y el poder, el cratos, cambia no sólo sus formas y mecanismos, sino incluso de ubicación: hoy sabemos, por ejemplo, que el lugar de las decisiones principales no es el Parlamento nacional, sino que se ha desplazado hacia las instituciones políticas de la Unión Europea y hacia instituciones económicas más o menos articuladas que de modo muy genérico identificamos como «los mercados». ¿Cómo podemos llevar hasta allí la renovada y siempre cambiante voluntad popular? 
En ello consiste el reto actual de la representación política, al que se enfrentaron los ponentes de estas Jornadas; los organizadores les agradecemos una vez más su participación, así como a los colegas y alumnos asistentes, que con sus intervenciones enriquecieron el debate . Como coordinador, me siento obligado a insistir en la fortuna que supone para mí colaborar estrechamente desde hace años, y también en esta ocasión, con María Salvador, Fernando Reviriego y Jorge Alguacil, tan competentes colegas como excelentes amigos. Lo hacemos en un Departamento que ha sabido generar espacios de convivencia y autonomía óptimos para enmarcar el trabajo universitario; Pilar Mellado, directora del mismo en los últimos años, encarna ejemplarmente ese espíritu y merece por ello también nuestro reconocimiento.

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