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Cada día es un árbol que cae

Wittkop, Gabrielle / Vázquez Jiménez, Lydia
Cada día es un árbol que cae

Cada día es un árbol que cae

Cada día es un árbol que cae

Wittkop, Gabrielle / Vázquez Jiménez, Lydia
18,95€
Disponibilidad Normal 7 días

Este diario imaginario escrito por una mujer, Hippolyte, mezcla recuerdos de infancia, de amores, de viajes (notas muy personales y suntuosas sobre la India, Alemania, París, Venecia, Madrid). Autorretrato de una individualidad excepcional cuya existencia se extiende desde el nacimiento hasta la muerte, esos dos límites que, paradójicamente, abr...
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Editorial
ISBN13
ISBN10
Tipo
Páginas
Año de Edición
Idioma
Encuadernación

Este diario imaginario escrito por una mujer, Hippolyte, mezcla recuerdos de infancia, de amores, de viajes (notas muy personales y suntuosas sobre la India, Alemania, París, Venecia, Madrid). Autorretrato de una individualidad excepcional cuya existencia se extiende desde el nacimiento hasta la muerte, esos dos límites que, paradójicamente, abren el espacio infinito de una vida efímera. Tenebrosa memoria de la carne, fermento de corrupción inoculado por los recuerdos, "Cada día es un árbol que cae" es un monstruoso antifonario, libro de misa negra, diario íntimo de la maldición de vivir. La fría y fastuosa crueldad que anima la escritura de
Gabrielle Wittkop alcanza su máximo exponente en este libro de púrpura aterciopelada.
A su muerte, el manuscrito fue encontrado por su secretaria. «Me hablaba de él, pero nunca me lo dejó leer.»
Gabrielle Wittkop (Nantes, 1920-Frankfurt, 2002). Su estilo rico y suntuoso, así como su temática, recuerdan a la obra del Marqués de Sade, de Lautréamont o de Edgar Allan Poe. Lectora precoz, a los 6 años ya disfrutaba de los clásicos franceses, a los 20 había leído toda la gran biblioteca paterna de su casa natal en Nantes, con una especial predilección por el siglo XVIII. Para entonces, Francia estaba ocupada por los nazis. La casualidad llevó a Gabrielle a conocer en París a un desertor alemán, homosexual, Justus Wittkop, con el que se casaría al terminar la guerra, un matrimonio que Gabrielle calificó como un «enlace intelectual». La pareja se instaló en Alemania donde Gabrielle residió hasta su muerte. Esta mujer asombrosa, viajera empedernida, que recorrió todos los rincones del mundo, que afirmaba su total ausencia de sentimientos religiosos, su disgusto por la familia y su desprecio por todo nacionalismo, se dará muerte a los 82 años, para evitar la terrible degeneración que le prometía un cáncer en fase avanzada. Es autora entre otras novelas de Le nécrophile (1972), La mort de C.(1975), Sérénissime assassinat (2001), La marchande d?enfants (2003).