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La caída de Constantinopla 1453

Runciman, Steven
La caída de Constantinopla 1453
La caída de Constantinopla 1453

La caída de Constantinopla 1453

Runciman, Steven
20,28€
Disponible

Libro de culto, desaparecido del mercado español, desde hace años. Narra la pérdida del imperio bizantino por parte de los cristianos, tras una resistencia realmente heroica, y la conquista, ya para siempre hasta hoy, de la ciudad (hoy Estambul) por parte de los turcos. Fue una catástrofe impresionante en el mundo de entonces, ...
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Editorial
ISBN13
ISBN10
Tipo
Páginas
Año de Edición
Idioma
Encuadernación

Libro de culto, desaparecido del mercado español, desde hace años. Narra la pérdida del imperio bizantino por parte de los cristianos, tras una resistencia realmente heroica, y la conquista, ya para siempre hasta hoy, de la ciudad (hoy Estambul) por parte de los turcos. Fue una catástrofe impresionante en el mundo de entonces, 1453, el papado, las repúblicas de Florencia y Venecia, las colonias catalanas, el reino de Nápoles, etc. De hecho, este relato de Runciman es tan impactante que al parecer ha influido a unos cuantos novelistas además de historiadores.
Prólogo de Antony Beevor

De pronto se oyó un estruendo horripilante. A todo lo largo de las murallas los turcos se habían lanzado al asalto entre gritos de guerra, mientras tambores, trompetas y pífanos los animaban a la lucha". En contadas obras de historia pasa uno las páginas como si le quemaran los dedos, con el alma en vilo, siguiendo enfervorecidamente el relato de los hechos. Así sucede en La caída de Constantinopla, la gran, espectacular y exquisita obra sobre el fin de Bizancio del gentleman erudito y viajero sir Steven Runciman (fallecido en 2000 a los 97 años), una pieza emblemática de la historia narrativa, en los antípodas de escuelas como la de los Anales, la económica o la estructuralista: ninguna de ellas señalaría como hace sir Steven el canto de los ruiseñores en las ruinas, la belleza de las princesas de Trebisonda o que los rasgos de Mehmed II el Conquistador recordaban "los de un loro comiendo cerezas maduras".

Esta nueva edición de la que con la Historia de las cruzadas es su mejor obra (Austral ya la publicó en 1973) cuenta con un inesperado prólogo de Antony Beevor, en el que el historiador de otros tantos sitios aterradores y épicos (Stalingrado, Berlín) alaba el trabajo de Runciman y recuerda que la gesta de Constantinopla ha inspirado a numerosos narradores, entre ellos a Tolkien, iluminado para sus batallas y sus héroes por el agónico ocaso de 1453 junto al Bósforo. El lector de El Señor de los Anillos no dejará de encontrar similitudes entre el asedio de Constantinopla y el del Abismo de Helm. Ello no es extraño, pues la caída de Constantinopla es el paradigma de asalto bárbaro en la mentalidad occidental hasta el punto de que se puede rastrear el eco del colosal derrumbe de sus murallas bajo la artillería de Urban -el cañonero de Mehmed- en el colapso de las Torres Gemelas.

Utilizando de manera magistral las fuentes, como la crónica de Frantzés, secretario de Constantino, Runciman recrea maravillosamente el ambiente crepuscular de Constantinopla, la mezcla de decadencia, melancolía, miedo y coraje, el coraje de la desesperación -7.000 defensores contra los 80.000 efectivos del ejército turco-, que espesaba la atmósfera de la ciudad en sus horas postreras. Sobre ese telón se mueven, de nuevo de carne y hueso, los personajes familiares del drama, Constantino Paleólogo -"inexpugnable en su pena", como lo describe el poema que le dedicó Elytis-, el valiente pero cuestionado genovés Giustiniani, el noble castellano Francisco de Toledo, que cayó peleando junto al emperador, los catalanes del cónsul Pere Julià, masacrados en la defensa de la muralla oriental, sobre el Mármara, o el megaduque Lucas Notarás, decapitado tras la derrota al negarse a que el sultán se refocilara con su bello hijo adolescente.


Sir Steven Runciman (1903-2000) fue uno de los mejores historiadores medievalistas del siglo XX. Nacido en Northumberland y nieto de Lord Runciman, un magnate naviero, la fortuna que heredó de éste en 1938 le permitió abandonar su puesto de profesor en Cambridge, donde asimismo había estudiado, y dedicarse a la investigación y a los viajes. Volvió a la enseñanza durante un breve periodo (1942-1945), como catedrático de Historia y Artes Bizantinas en la Universidad de Estambul.

Sin duda el mayor experto de su tiempo en Bizancio, su conocimiento de numerosas lenguas (al parecer dominaba el latín a los seis años y el griego a los siete, a las que fue añadiendo el árabe, el turco, el persa, el hebreo, el siriaco, el armenio, el georgiano, el ruso y el búlgaro) le valió para consultar fuentes poco conocidas, durante la escritura de su obra más famosa, la extraordinaria Historia de las Cruzadas, en tres volúmenes.

Fue compañero y amigo de George Orwell, se codeó con el Grupo de Bloomsbury, tuvo amistad con la novelista Edith Wharton, se rumoreó que durante la Segunda Guerra Mundial había trabajado como espía en Bulgaria (aunque él siempre lo negó), y siempre se sintió atraído por lo sobrenatural, hasta el punto de atreverse a leerles la fortuna a varios reyes y reinas en las cartas del Tarot. Era un gran bromista, un excelente conversador y disfrutaba enormemente con el chismorreo, sobre todo -como buen historiador- con el de las épocas más remotas. Si la Historia de las Cruzadas es su libro más célebre, La caída de Constantinopla 1453 es probablemente el más intenso, apasionante, elegiaco y personal de todos ellos.