(Tiernas) criaturas. Patricia Piccinini

26,00

Sin impuestos: 25,00

ISBN13
9788493571450
ISBN10
8493571458
Tipo
LIBRO
Páginas
143
Año de Edición
2008
Idioma
castellano
Encuadernación
Rústica
Disponibilidad:
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Patricia Piccinini (n. 1965), es una de las más singulares artistas australianas actuales. Espléndida constructora de quimeras de aroma científico de las que se sirve para contarnos historias del desconcertante mundo en el que vivimos. Sin lugar a duda merece la pena detenerse y analizar un trabajo que deja en el aire innumerables e interesantes preguntas sobre nuestra sociedad, una obra que, como ha declarado la propia autora, plantea cuestiones sobre aspectos fundamentales de nuestra existencia: nuestra artificialidad, nuestros animales, nuestra responsabilidad para con nuestras creaciones, nuestros hijos y nuestro entorno. Un cóctel amable o aborrecible, según la percepción de cada uno, que porta entre sus ingredientes ciencia, moral, futuro y convivencia.


Actualmente se puede contemplar su obra en España, desde el 4 de octubre de 2007 hasta el 27 de enero de 2008, en una exposición organizada por ARTIUM que lleva por título '(Tiernas) Criaturas. Patricia Piccinini'á La artista pertenece a una generación que emerge con propuestas interesantes y actuales, y lo que es más importante, con lenguajes y cuestiones presentes. Un alivio tras el parto doloroso y mal asimilado de los últimos veinte años, que ha poblado los Centros de Arte Contemporáneos de demasiadas obras mediocres, anacrónicas o con cuestiones plásticas resueltas y superadas varias décadas atrás, que a duras penas serán capaces de sobrevivir a la quema que sin remedio deberá hacer la historiografía en un futuro.á


La mayoría de las obras de Piccinini están basadas en prácticas biocientíficas de manipulación y alteración de seres vivos. Ha creado un universo sintético pleno de realismo, poblado de criaturas y objetos ficticios, curiosas especies animales, en los que incluso, se llega a fusionar el alma animal y la humana. Un escenario creativo en el cual la investigación de células madre, la ingeniería genética, la clonación, la bioelectrónica, la restauración ecológica dan lugar a 'nuevos mundos' que no son otro que el nuestro actual. Una mirada narrativa más preocupada por encender el debate que por tomar partido, hasta el punto de que sus obras han sido tomadas como ejemplo tanto por los detractores como por los defensores de esta vía de la experimentación científica.


Como puede comprobarse en la exposición de ARTIUM, la artista persigue deliberadamente que este universo y sus habitantes se encuentren extrañamente cercanos a la realidad cotidiana y sean capaces de despertar a un tiempo la ternura y la inquietud en quien los observa. Su inspiración es nuestra realidad cotidiana, sus ideas surgen de la influencia de la vida. Eso es lo que seguramente le da cercanía y verosimilitud a un trabajo que, a pesar de recrear un mundo imaginario, bajo la percepción del espectador se encuentra más próximo a la realidad que a la ciencia ficción.


Piccinini realizó la obra que abre la exposición, Protein Lattice, influenciada por la imagen de una famosa noticia aparecida en 1997, de un ratón manipulado en un laboratorio que lucía un cartílago en forma de oreja humana en la espalda. Según sus propias palabras: 'vi aquella extraña imagen de un ratón con una oreja en la espalda en las noticias de la noche. Era muy extraño, trágico y asombroso a la vez. Investigué un poco, y eso me llevó al emergente campo de la 'ingeniería del tejido', que parecía encarnar de manera bastante precisa la convergencia entre lo natural y lo artificial que me preocupaba en aquel momento'.


La cuestión de la manipulación genética con fines médicos se encuentra también presente en The Young Family, escultura presentada en la bienal de Venecia de 2003, en la que una madre de una especie animal irreconocible amamanta con ternura a tres cachorros. Su aspecto físico no resulta del todo lejano e incluso pueden apreciarse ciertos rasgos humanos, especialmente en la mirada. Una mirada ausente y triste como la que desprenden algunos primates recluidos en zoológicos, o la que luciríamos nosotros si estuviéramos retenidos y expuestos durante años. En el caso de la madre de The Young Family, con el posible agravante de servir en un futuro como mero receptáculo de órganos aptos para transplantes humanos. Son seres que nos despiertan sentimientos de ternura, tristeza, esperanza, repulsión o miedo, pero no por lo que son, si no por lo que nosotros somos capaces de hacer.


El interés de Piccinini por la ciencia médica empezó durante su adolescencia. La madre de la artista estuvo enferma durante muchos años, un tiempo en el que esperó y rezó para que la ciencia pudiera ayudar a su familia, aunque al final sucedió lo inevitable. Esa actitud del hombre ante la ciencia, ante la investigación y el futuro científico, la esperanza y la decepción; el avance, el desarrollo y los sentimientos muchas veces contradictorios que despierta, incluso en la misma persona; las nuevas realidades que plantea y que nos toca vivir irremediablemente, aunque muchas veces no comprendamos y casi nunca podamos controlar; todo ello es objeto de su análisis. Como ella misma ha relatado, no está tan interesada en la ciencia misma como en el impacto que tiene sobre la gente.


Las cuestiones que le interesan son motivo de preocupación universal, pero es cierto que su trabajo tienen un cierto matiz australiano, se origina en un contexto australiano. Australia tiene una ecología particular y fascinante, con muchos animales únicos. Con la serie Nature's Little Helpers ha imaginado una serie de 'especies asistentes' diseñadas para ayudar a preservar varias especies australianas en peligro de extinción. Aunque tristemente esta problemática de pérdida de especies y de hábitats no es exclusiva de Australia. Por lo que en estos trabajos se utiliza la especificidad de una circunstancia especial de Australia para señalar cuestiones ecológicas mucho más generales.


Piccinini expone también la cuestión de la hipotética convivencia de estos productos de la biotecnología con la especie humana. La artista se vale de dibujos y esculturas de gran realismo para colocar al espectador ante una situación que reconoce como ficticia pero que no puede evitar sentir como posible. Piccinini presenta escenas llenas de ternura, con niños jugando en actitud cariñosa e incluso durmiendo con estos seres, ante las que no es posible evitar una cierta inquietud. La cuestión se plantea de manera más directa en la escultura The embrace, que representa a una criatura de grandes ojos que recuerda a una cría de canguro antes de desarrollarse, un ser de aspecto desprotegido acentuado por la desnudez que le confiere la carencia de vello y el color rosado de su piel, que se engancha a la cara de una mujer, el autorretrato de la propia artista, con un fuerte abrazo. Como en toda la obra de Patricia Piccinini la interpretación está muy abierta, no sabemos si ese abrazo responde a la falta de cariño, a la búsqueda de amparo, a la agresividad o al miedo de un animal. Pero lo que es mucho más importante y turbador, ante este panorama científico, no sabemos si debemos tener esperanza o sentir miedo de estas criaturas engendradas y manipuladas en un laboratorio por unos aprendices de dioses que juegan, con licencia y sin licencia moral, con el futuro y el bienestar de toda la humanidad.

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